En la mayoría de las implementaciones la respuesta es: el usuario. Y se entera tarde, cuando ya decidió algo con un número que no era.
Desde esta semana, SmartBI IQ se revisa a sí mismo. Cada hora.
No llama a la IA para hacerlo: lee lo que ya pasó. Y nos marca las respuestas que conviene mirar.
- Alguien puso 👎 y todavía nadie lo revisó.
- La consulta a los datos falló, o vino vacía.
- La respuesta se cortó.
- Al volver a calcular, la cifra dio distinto.
- Alguien volvió a preguntar casi lo mismo.
La última es la que más nos interesa. Cuando una respuesta no le sirve, nadie se queja: vuelve a preguntar con otras palabras. Eso antes se perdía.
Esta pantalla no la ve el usuario. La vemos nosotros.
Porque IQ no se entrega y listo: va con el servicio. Alguien tiene que mirar qué contestó, y eso se hace todos los días, no cuando aparece el reclamo.
La IA que contesta es la mitad. La otra mitad es quién la cuida.