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27 de octubre de 2026

El número que importa no es el veinte

Las cuatro herramientas escribieron cinco preguntas cada una para el área comercial, y dos de ellas después no pudieron contestar bien ninguna de las suyas. Pero lo que muestra la prueba está en otro lado.

Primero les pedimos a cuatro herramientas de IA sobre datos que formularan ellas las preguntas, cinco cada una, para que no las eligiera el vendedor. Salieron veinte preguntas. Después esas veinte fueron a las cuatro herramientas, sobre los mismos datos, con lo correcto calculado antes de preguntar: ochenta respuestas.

SmartBI IQ contestó bien las veinte. Claude Desktop, conectado al Power BI, trece. Las otras dos, ninguna.

El número que importa no es el veinte. Es el trece.

Porque una de esas dos que no acertó ninguna corrió con el mismo glosario y las mismas reglas de negocio que IQ. Misma preparación, otro cerebro: cero. Y Claude corrió sin nada preparado, sólo el modelo conectado a los datos: trece.

La inteligencia la pone Claude. Eso ya lo decíamos; ahora está medido.

Y ahora la otra mitad, que es la que nos importa.

¿De qué está hecha la distancia entre trece y veinte? De una sola cosa: el período. Claude falla en siete preguntas, y las siete son la misma falla. Cuando la pregunta no dice contra qué comparar, toma toda la historia, o los últimos doce meses, en vez del año a la fecha.

Un analista lo corrige en el segundo mensaje. Escribe «no, del 1 de enero al 23 de septiembre contra el mismo tramo» y sigue.

Tu gerente de ventas no manda un segundo mensaje. Toma el número y se va.

Eso es lo que hace IQ y no es más inteligencia: pedir el período cuando falta, recalcular la cifra por otro camino antes de mandarla, y decir de dónde salió cada número. Es la parte que el que pregunta no puede poner, porque no tiene por qué saber que hace falta.

Dos cosas que preferimos decir nosotros.

La planilla de respuestas correctas la revisamos con las ochenta respuestas ya a la vista, y en tres preguntas estaba mal. La corregimos y volvimos a calificar lo mismo que ya estaba escrito: nadie volvió a contestar nada y ninguna herramienta se tocó.

Esas tres correcciones cambiaron cinco notas, de tres herramientas distintas. Una la destapó Claude, que encontró un error en nuestro propio modelo de demostración —el presupuesto cuenta septiembre entero contra una venta que llega al día 23—.

Tampoco todo ese cero es el cerebro. También es cómo está armado cada producto: qué hace cuando le falta un dato, y cuándo decide no contestar.

Pero el orden se repitió tres veces, con preguntas distintas y elegidas por gente distinta. Y cuanto más abierta es la pregunta, más se abre la distancia.

La inteligencia ya está. Lo que falta es que no dependa de que el que pregunta sepa preguntar.