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17 de septiembre de 2026

Cómo llegamos aquí

Cuando una respuesta de IA sale mal, siempre hay una explicación. Y casi siempre empieza con «tú».

  • «Pero preguntaste mal.»
  • «No verificaste.»
  • «Entró a la fuente equivocada.»
  • «No le dijiste que no buscara en internet.»
  • «Encima le pasaste datos de la empresa.»

Las escuchamos todas. Y casi siempre son ciertas. Pero ninguna evita lo que pasa después: esa persona no vuelve a preguntar.

Hace veinte años que en SmartBI hacemos Business Intelligence sobre la plataforma de Microsoft. A fines de 2023, cuando la IA se volvió tema, salimos a probar dónde aplicaba de verdad.

Lo primero que funcionó fue lo que no se ve: potenciar a los consultores, automatizar desarrollo, acelerar la mejora continua. Eso maduró con los años y con las herramientas. Hoy es claro y es tangible.

Del lado del usuario, no.

Ahí veíamos siempre la misma secuencia: entusiasmo, frustración, abandono. Y no porque la gente sea ingenua. Un usuario no audita una respuesta, la usa. No tiene por qué sospechar de un número. Y en los primeros tiempos estas herramientas no inventaban la respuesta: inventaban el número dentro de una respuesta perfectamente razonable.

A una conversación se le perdona un error. A un número, no.

Después mejoró. Creció Copilot, aparecieron los agentes de datos. Y con analistas que entienden que es una herramienta potente y que hay que supervisarla, el valor aparece.

Pero abajo seguía la misma rueda. Una respuesta mal, y fuera.

En algún momento dejamos de pensar que el problema era que la gente preguntaba mal.

Nos pusimos a trabajar del otro lado: qué tiene que pasar antes de que la respuesta salga, para que el usuario no tenga que desconfiar de ella.

Eso es lo que venimos haciendo. En las próximas notas lo mostramos con respuestas reales.