Lo que sí pasa es que algunas piezas dejan de estar en el centro, y cuesta años darse cuenta de cuáles.
Hay una de esas moviéndose ahora, y para verla hay que separar dos cosas que comparten nombre.
Cuando alguien dice «nosotros ya tenemos Power BI», casi siempre quiere decir que tiene informes. Es una respuesta razonable: es lo que se ve.
Pero ahí hay dos objetos distintos, y los dos tienen nombre propio. Está el informe, que es la pantalla con los gráficos. Y está el modelo semántico, que es lo de abajo: las tablas, cómo se relacionan, y las medidas que definen qué significa «venta», «margen» o «cliente activo» en esa empresa.
Nosotros siempre trabajamos como si Power BI fuera el modelo. El informe era la consecuencia.
Y durante veinte años eso fue casi una desventaja. El cuidado estaba puesto en una parte que el usuario no veía: nadie abre una reunión felicitando a nadie por una relación bien resuelta. Lo que se juzgaba era la pantalla.
Y no es gratis ni rápido. Obliga a acordar qué significa cada cosa antes de poder calcularla, y a sostener ese acuerdo cuando aprieta el apuro de entregar la pantalla. Eso se pagaba igual, y no se veía.
Lo que cambió no es que los informes desaparezcan. Los que se usan se van a seguir usando. Lo que cambió es que dejaron de ser la única puerta, y para muchas preguntas ya no son la puerta.
Porque ahora se pregunta. Y la respuesta no sale del informe: sale del modelo. De las medidas. De las definiciones que alguien escribió ahí abajo, a veces hace años.
Y hay una razón por la que tantos modelos no están preparados para eso. Durante años la pieza se llamó «dataset». Un conjunto de datos. Y un conjunto de datos no te debe nada: una tabla sola y aplanada es un dataset perfectamente válido, igual que uno con las relaciones resueltas y las medidas pensadas. Para el informe daban lo mismo. Hace poco Microsoft le cambió el nombre a «modelo semántico», y no fue cosmético: el nombre nuevo dice qué se espera de eso.
Ahí está la parte incómoda. Un modelo flojo siempre existió, pero se disimulaba. Si la medida estaba mal, el gráfico igual se veía bien, y el que miraba no tenía cómo darse cuenta. El informe tapaba. Ahora no tapa nada: la respuesta sale con la definición que haya, sea cual sea, en una frase perfectamente bien escrita.
Y ésa es la diferencia entre las dos piezas. Un informe puede dejar de tener sentido, y pasa todo el tiempo. Una capa semántica no se puede saltear. Cambia de nombre, se muda, se apoya en un lakehouse, evoluciona todo lo que haga falta, pero lo que sea que pregunte va a necesitar que alguien haya dicho qué significa «venta».
De lo que tienes hoy en Power BI, ¿cuánto es informe y cuánto es modelo?